
lunes, junio 23, 2008
Quebrantos

sábado, mayo 24, 2008
Figuras de arcilla

Después llegó la redención y la fuga hacia el universo esquivo. Podría haber sido para siempre. Lo había dibujado de otra forma. Viejas ilusiones envueltas en papel de periódico. Reportajes de días esfumados. Entrevistas con mis dudas. Un café con leche y un bloc de notas relleno con tachones. Fotografías a contraluz. Obras coloristas ocultas en un bajo del Zaidín. Pianolas recobrando vidas y sonidos. El primer vistazo al diario en busca de la firma conocida. Recortes y pedazos de papel protegido por fundas de plástico. Pedazos también amarillentos. García Márquez, Capote y Fallaci. Hacía tiempo que no estaba a solas, como ahora. Lejos del viento. Habitaciones alquiladas por arrendatarios desconocidos. Extraños. A veces, cuando cometo el error de no estar ocupado, miro hacia atrás. Sólo un segundo. Suficiente, sin embargo, para ver las ruinas lejanas. Edificios derrumbados. Cascotes esparcidos por las calles. Farolas rotas y humo gris. Soledad. Abandono. Esperanzas muertas que nadie ha retirado del camino. Batallas perdidas por un soldado sin destino. Tristeza.
En unos días, el viento regresará para llevarme hasta la arena. Cuando el huracán me arrastre esparcirá por el infinito esta nostalgia y los pedazos amarillos de papel volverán al cajón de mi viejo escritorio, testigo de las noches pasadas y de los días que no llegaron. La esencia de un universo de arcilla desmoronado. Tierra de figuras sin alma, ni vida, ni recuerdos.
Hasta las últimas tardes de septiembre, cuando caigan las hojas y los puentes.
martes, abril 01, 2008
Fin

...y de fondo: El mar (http://www.goear.com/listen.php?v=eeafe3b).
Hace tiempo que ha dejado de importarme, que no recuerdo nada. El pasado significa ahora solamente un tiempo vivido. Me cansé de anclar mis emociones en escenas congeladas. Encontré en el odio la única forma de olvidar. Busqué dentro de mí y hallé a las personas que aún no he sido. Caminé, al fin, por playas de arena blanca y el salitre se adhirió a mis tobillos como lo hizo muchas tardes antes, en Castell de Ferro. El viento hizo zozobrar otra vez los barcos, encallados en los arrecifes, rasgadas las velas, desorientadas las brújulas. Siempre que acudo a los inicios de un nuevo tiempo me reencuentro con la costa, escenario del azote de un levante enfurecido.
No quiero que esta parte de mí que he descubierto, más arisca y resistente, acabe por destruir todo lo que he sido antes, pero necesito deshacerme de las ropas quemadas. Rescato algunos maderos mojados que me llevo conmigo, pero dejo atrás todo lo demás. Lo que me hizo daño, lo que me hizo débil, lo que me hizo odiar lo que había querido tanto...
Hoy sólo quiero que mi rumbo sea más firme y que el miedo no derrumbe fortalezas. Que no tenga nunca más que sentirme tan culpable por todo.
Yo sólo quise ser la mejor persona posible, pero pocas veces sirvió para algo. Pasará mucho tiempo hasta que vuelva a ser igual que antes, porque todo es distinto. Y, sinceramente, me siento mejor ahora.
Quizás el temporal haya arrastrado consigo los disturbios hacia la profundidad de un océano que se acuesta cada tarde con cometas. La fragilidad de los cuerpos, la inconsistencia de los deseos, la fugacidad de la luz (¿recuerdas?)... Sólo me quedo con lo que escribí la última vez: la convicción de que siempre queda algo bueno por llegar. Quizás sea mejor así. Quizás he sido yo el que siempre ha estado equivocado.
lunes, febrero 18, 2008
Los motivos olvidados

sábado, enero 12, 2008
La playa sin mar

... y de fondo: 'Días extraños', de Nacho Vegas (http://www.goear.com/listen.php?v=8ed4f21).
Cuando llegué al Viento, me acerqué a un pequeño estanco de la calle principal para comprar un paraguas negro. Después salí a la calle, lo abrí y continué caminando, feliz por mi última adquisición. Al cabo de unos pocos minutos, de tres calles andadas, un golpe de aire destrozó las varillas y partió la caña por la mitad. Y yo me quedé allí, desorientado, entre calles que no conocía, con las dos mitades del paraguas en las manos y absorbiendo el agua de las nubes. Agua que en el Viento desciende de perfil, ladeada, esquivando protecciones para calar los huesos. Al llegar al suelo, golpea con el firme empedrado, resbala por los muros de las casas blancas, encaladas, y desciende por la Calle de la Luz hasta la Calle Sancho, donde permanece la esencia de un pueblo entregado a las buenas intenciones de los forasteros.Quería contarte como son las cosas por aquí, ahora que sabemos tan poco de nosotros. Las semanas transcurren ahora con normalidad. Una sencillez indolente, ajena a los movimientos sísmicos a los que estoy acostumbrado. Confirmo que no soporto el paso de los días si no hay de lo que pueda aprender, aunque sea a fuerza de equivocaciones. Allí marco con cruces cada jornada, esperando la llegada de un temporal que vuelva a agitar los árboles. Echo de menos el bullicio de Mesones, el tráfico de la calle Reyes, los encuentros inesperados y también los esperados. El café con leche amargo del café de la plaza y leer el periódico los domingos. Quiero pensar que sólo es un desvío temporal, que tendré una segunda oportunidad si lo intento. ¿Me entiendes? Me entiendes. Cuando llegue el momento, estaré preparado... Hasta entonces, procuro adaptarme rápidamente a todo esto.
Un día fui a la playa en la que las dunas entierran los pinos. La arena forma montañas en tránsito tras las que se ocultan calas secretas que no quiero que nadie más descubra. Rincones de piedra y mar en los que puedes evadirte y viajar hacia el mundo que cada uno quiera crear para sí mismo . Leer un libro al sol, tumbado en una pausa necesaria, y escuchar los últimos descubrimientos musicales. El día que conocí la música de Ryan Adams parece ya tan lejano... ¿Sabes que Zahara telonea a Shuarma? Esa chica llegará donde quiera. Ahora no tengo tiempo ni medios ni miedos para encontrar tantos cristales en la orilla musical, como hacía antes. No puedo recomendarte nada nuevo, aunque estaré atento por si llega hasta mí algo que merezca la pena.
Por tu parte, espero que sigas frecuentando conciertos de Nacho Vegas en el viejo café, paseando por la plaza Mayor en busca de exposiciones. Quiero que sigas perdiéndote por las calles de tapas para que los caminantes perdidos te lleven hasta el lugar que estás buscando. Supongo que las aves libres aún se exhiben en el parque Zorrilla, desplegando plumaje y colores. Pero, sobre todo, deseo que sigas siendo como eras, que te sientes por las noches junto a tu ordenador, con cientos de folios emborronados a los lados, un capuccino en tu mano y ojos atentos. Seguro que, al igual que yo, ahora tienes menos tiempo para todo. Sé que seguirás soñando con días mejores, con una nueva escapada a San Sebastián, una segunda visita a la ciudad de luz blanca que conociste en agosto y otro concierto de la princesa en Madrid. Habrá tiempo para todo. Para vernos. Para escribirnos, también. Aunque sé de ti menos que antes, no dejo de extrañar tus cartas, de buscar tus correos entre las entradas nuevas de mi buzón.
Los días de Valladolid quedan muy lejos, tanto como la persona que era entonces. La ingenuidad la dejé por el camino, pero sigo aferrado a la esperanza con más fuerza. Andrés Neuman dice que nombrar la muerte no la evita, pero cura un silencio. Esta carta no evita la distancia, pero espero que cure una ausencia.
Cuídate.
martes, diciembre 25, 2007
Cristales de invierno

viernes, diciembre 14, 2007
Océanos y rocas

... y de fondo: 'Grey Room', de Damien Rice (http://www.goear.com/listen.php?v=c7b569e).
Son las siete de la tarde de un día cualquiera. Desde el pequeño rincón que he descubierto en este pueblo de viento, refugiado en un escondite de luz tenue, escribo lo que necesito que mis ojos escuchen, lo que quiero que la parte más humana de mí conozca. Estoy intentando, aún luchando contra las fuerzas más racionales que habitan mi mente, plasmar en unas pocas líneas las evidencias que no quiero ver. Son tan verdaderas que tengo miedo de reconocerlas como auténticas. Pensamientos que querría guardar en un cajón, o dejarlos arrastrar por este viento que azota las calles empedradas del barrio antiguo. Si, como me dijo una persona hace dos días, los pensamientos dejan de ser propios cuando los dices en voz alta, cristalizando tu realidad, quiero obligarme a escuchar lo que pienso y nunca he dicho antes.
Lo que hoy retumba en mis paredes son los ecos de los truenos que explotaban en mi cabeza hace unas semanas, cuando caminé hacia ningún lugar porque no encontré ningún lugar donde calmarme. Siempre he intentado hacer lo correcto, pero casi nunca he sentido que hiciera lo correcto para mí. Siempre he intentado ser justo con los demás, pero pocas veces he sido justo conmigo mismo. Siempre he perdonado a los que me han herido, pero no he conseguido jamás perdonarme mis errores. Quizás porque podía haber elegido hacer lo correcto, ser justo y no haber cometido estos errores. Soy una roca erosionada por las olas que golpean el acantilado. Soy un acantilado ausente que invita al borde del abismo. Soy un abismo que se esconde en las profundidades oceánicas.
Hay una vida en mi cabeza que hoy no se parece casi nada a la que vivo. Hubo unos días, hace no demasiado tiempo, en los que estuve cerca de llegar al sitio en el que me gustaría estar. Cuando estaba cerca de hacerlo tomé un rumbo inesperado que hoy sé que no tendría que haber iniciado. Tenía que haber seguido mi instinto y no mi raciocinio. Ahora, atrapado por las circunstancias amargas de una realidad que aborrezco, debo continuar caminando por estas tierras ariscas unos kilómetros más. Cuando, a uno de los lados de la carretera, haya un sendero de tierra, silvestre y salvaje, voy a escapar del asfalto que derrite a la persona más humana que hay en mí. Abandonaré el mundo aséptico desde el que ahora escribo para revolcarme sobre la hierba mojada y manchar mi ropa vieja. Cuando pueda tomar ese desvío, cuando tenga miedo de tomarlo, sólo tendré que venir aquí, a estos renglones, para cerciorarme de que he de perseguir lo que anhelo. Recordaré que debo ser justo conmigo, hacer lo correcto y no cometer viejos errores. Así no tendré que intentar perdonarme, porque sé que no podría hacerlo nunca.
Soy la furia que emerge de las simas del océano. Soy el océano que humedece los peñascos del acantilado. Soy el viento que arrastra a las olas a batirse con las rocas. Soy las olas del mar. Soy las rocas…
sábado, noviembre 24, 2007
domingo, noviembre 04, 2007
Curvas de montaña

Hace seis años una furgoneta C-15, cargada de personas y equipaje, subía con dificultades la tortuosa carretera de montaña que llevaba hasta la ermita de la Virgen de la Cabeza, en Andújar (Jaén), para vivir unos días de fiesta en plena romería. El conductor apenas tenía experiencia al volante. Tres meses parecieron suficientes para afrontar la travesía. Los compañeros de viaje, quizás más nerviosos que el propio chófer, se quejaban constantemente y le hacían continuas advertencias: "Cuidado con la curva, que es muy cerrada", decían. Y lo dijeron en cada una de las curvas. Si realmente fueran todas tan cerradas, aquella debía ser la carretera más peligrosa del planeta. El copiloto, que era un granadino criado en las faldas de aquella sierra, hacía las veces de cicerone. Su única responsabilidad era avisar de los tramos más complicados. En realidad, sólo había un punto en el que había que tener cuidado: un puente tan estrecho que uno de los coches tenía que ceder el paso al otro. La señal de tráfico era un sueño imposible, claro. El copiloto, en el momento crucial de su misión, estaba contando chistes y el conductor tuvo que frenar con, digamos, cierta brusquedad. A uno de los que iba sentado detrás se le cayó una caja en la cabeza, lo que provocó su iracunda reacción y un ajustado recuento de los familiares del copiloto. Si al menos los chistes tuvieran gracia...
viernes, noviembre 02, 2007
Thinking Blogger Award
El 26 de agosto de 2007, Acróbatas me galardonó con un Thinking Blogger Award. Hoy (¿qué día es hoy?) lo he sabido. Uno más de mis despistes, consecuencia de las esporádicas ausencias en la blogosfera. No quiero que piense que sería tan estúpido como para no agradecer el detalle, así que he venido a escribir tan pronto como he podido. No hace falta que exprese cuánto agradezco que tan brillante persona se acordara de mí a la hora de repartir premios. Aunque, de todos modos, gracias. No sólo por esto, sino por aparecer hace ya bastantes meses por este rincón y haber dejado unas palabras desde entonces. Por haberme permitido descubrir el lugar donde creas tus acrobacias y también otros lugares que vigilo con frecuencia, aunque no en todos escribo comentarios.1. Escribir un post citando (premiando) a cinco blogs que "le hagan pensar".
2. Enlazar el post original, para que se pueda encontrar el origen del premio.
3. Mostrar la imagen del premio enlazando la nota en la que le han reconocido su valía.
lunes, octubre 22, 2007
Salitre 48

domingo, octubre 14, 2007
Avería y redención #7

Las primeras lluvias de otoño se han sucedido las últimas semanas, empapando los pantalones cortos de turistas sorprendidos por el temporal. El cielo gris retumba al son de tambores de guerras perdidas. Las hojas empapadas que han caído estos días se adhieren al suelo, coloreando de ocre las aceras solitarias del último domingo. Las fuentes del centro son alumbradas por los pocos faros de los coches que cruzan la ciudad. Los paraguas suelen ser amigos a los que sólo extrañas cuando están lejos de tus manos mojadas. La plaza desierta reposa de caminantes perdidos, ahogados en las prisas de todas las semanas.
"Yo te decía que todo estaba bien
lunes, octubre 08, 2007
La noche americana
El artista madrileño Quique González conserva su discurso y sigue apostando por los retratos cotidianos, destacando el instante que a primera vista parece carecer de importancia. La gran diferencia entre este trabajo y los anteriores es que la mayoría de esas imágenes no corresponde al rostro del propio autor, sino a un ramillete de personajes. En este sentido, es un álbum menos autobiográfico. El contenido del disco está plagado de cuadriláteros de boxeo, casinos de juego y habitaciones de hotel y las guitarras eléctricas no eran tan poderosas en sus canciones desde su debut en 1998 (“Personal”).La temática está estructurada, en cierto modo, sobre la base de dos pilares: las historias ajenas y las propias. A veces las segundas se camuflan entre las primeras, pero tan sólo a través de tímidas referencias. Cuando compone sobre otros, González se resta protagonismo y permite que los focos iluminen a sus personajes: boxeadores acabados que un día conocieron la gloria (“El campeón”, “Kid Chocolate”), un gángster que vive al límite (“Hotel Los Ángeles”), un pianista de hotel que canta los parámetros que rigen su vida (“Hotel Solitarios”, donde se vislumbra la personalidad del propio autor) o la familia fracturada por la huida de una madre que deja atrás a sus hijas (“Nunca escaparán”). Sin embargo, en sus canciones más personales logra captar una atención mayor. La identificación con ellas es más fácil, ya sea a través de descargas eléctricas (“Vidas cruzadas”, “73”), colaboraciones como la del ganador del Oscar, Jorge Drexler (“Me agarraste”) o versiones de canciones de otros compañeros de profesión, en este caso Atahualpa Yupanqui (“Alhajita”). Sin embargo, el fuerte de Quique es el terreno emotivo y melancólico, el sonido nostálgico y el aspecto de chico frágil y desvalido. Cuando se mueve en este ámbito es capaz de facturar excelentes canciones: aborda la fugacidad del tiempo y del equilibrio inestable que se establece en la vida de forma natural (“Días que se escapan”, imprescindible), crea una enternecedora dedicatoria a la pareja (“Los motivos”) y se erige como un tipo compasivo que confía en las segundas oportunidades (“Se equivocaban contigo”, donde colabora Pancho Varona poniendo su voz en los coros).
El nexo común entre ambos bloques es la estética del perdedor que tanto ha cultivado Quique en su carrera, aquella persona que se mantiene de pie a pesar de los golpes recibidos, encajados con dignidad y que se protege con un manto de valores con el que cubrirse en el que tienen cabida el honor, la honestidad o el reconocimiento de la dependencia de otra persona, de la necesidad de ser amado. En resumen, historias corrientes que se producen a diario contadas de una forma apegada al detalle, con un estilo que incide en la observación de instantes que en un primer momento parecen insignificantes y que encierran el espíritu de lo cotidiano, de lo dependiente, de lo que junto a otros pequeños instantes forman grandes emociones.
Una vez que ha quedado atrás la austeridad instrumental del artesanal “Kamikazes enamorados”, su anterior disco, Quique vuelve a rodearse de sus músicos habituales: Jacob Reguilón, Tony Jurado, alguna cara nueva como Joserra Senperena y la participación esencial de su inseparable Carlos Raya, que junto a José Nortes vuelve a hacerse cargo de la producción. La obra fue masterizada en Nashville por Richard Dodd, quien ha ayudado a conseguir que el disco tenga un sonido tan americano. El diseño y las fotografías, también instantes mundanos capturados, llevan la firma de Fernando Maquieira.
sábado, septiembre 08, 2007
Los destellos nebulosos

martes, julio 31, 2007
La ciudad del hielo

miércoles, junio 27, 2007
Nubes de borrasca

miércoles, abril 11, 2007
Insomnio
... y de fondo: 'The Animals Were Gone', de Damien Rice.Por las noches, cuando todo es silencio y reflexión y pausa y colores oscuros, abro la puerta de casa y me dirijo a otro lugar. En el rellano no encuentro a nadie y bajo las escaleras con tanto cuidado como si mis pisadas fueran golpes de tambor. Desciendo hacia el portal sin ser descubierto y entorno la puerta al salir, por si alguien decide regresar. Recorro los treinta pasos que hay desde el jardín hasta la cancela mientras observo los altos edificios que empequeñecen mi bloque. Ahora que no hay luz, ni calor, ni gente, todo parece diferente. La luz de los faroles que cuelgan de las paredes se apaga, emite destellos discontinuos que parecen los guiños de alguien que no sabe hacerlo y cierra los dos ojos. Busco el puente colgante sobre el río, y cuando lo cruzo ya no se ve nada. Sin embargo, no necesito linterna. Sé dónde están las piedras del camino.
En la ribera de un cauce detenido crece una vegetación asilvestrada, que esconde un caserón que no visita nadie. La madrugada ha avanzado, pero hay reflejos de luz negra en las ventanas. Trazadas tétricas de un pintor cansado intentaron dar color a su fachada, agrietada por los años y el abandono. Hace frío aquí afuera, pero no siempre me atrevo a entrar. Las enredaderas parecen ahora negras cuerdas que sujetan los muros, y la puerta de madera, desencajada de su marco, pende de una bisagra desgastada. La empujo con suavidad y un escalofrío acompaña a mis vértebras durante mi espalda. Hay una gran escalera en la entrada, pero nunca he subido por ella. La madera del suelo cruje a cada paso que doy hacia lo que era un gran salón del que se olvidaron. La casa desprende fragilidad y temor a ser descubierta, pero las personas que antes entraron han tenido miedo de ir más allá del umbral. Pero yo no estoy asustado. Sé cómo son los fantasmas del camino.
Entre penumbras y recuerdos me siento a descansar junto a la entrada. Escucho unos pasos que se aproximan hasta mí. No me preocupan. Conozco al niño que aparece entre la oscuridad de este antiguo rincón perdido. Tiene los ojos oscuros, aunque son más claros cuando hay luz. Pero hace mucho que no duerme. Durante años, he venido a visitarlo cada noche. Me contaba historias felices que me hacían sentir bien. Después, cuando me marchaba, se quedaba junto a la ventana, apoyando su cabeza entre sus brazos, y se despedía de mí con una mano, agitándola agotado. No salía desde hace años, pero no recuerda cuál fue la razón que provocó su encierro. No quiere intentar acordarse. Sólo me contaba que una mañana, cuando despertó, no pudo recordar lo que soñaba. Y no quiso dormir, porque dormir sin soñar, decía, era como vivir las pesadillas por los sueños que no tenía. Y como no tenía sueños, todo fueron pesadillas. No había desconfianza entre nosotros. Sé quién es el niño que no ha dormido.
Esta mañana, cuando los primeros avisos de luz han rayado mi camisa, he cerrado los ojos y mi respiración se ha vuelto más profunda. Cuando he despertado, el niño ya no estaba a mi lado, y las puertas se han cerrado desde afuera. Quizás algún día, si regresa, le cuente lo que quería decir antes de dormir. Aunque desconozco si ha sido él el que ha despertado o soy yo el que siempre ha tenido cerrados los ojos y el entusiasmo, sé que es el niño el que vuelve a casa esta mañana. Si el pasado blanco ha despertado, o si se ha dormido el negro, y las luces de los faroles ya no son intermitentes, la puerta del portal seguirá entornada, como la dejé, y subirá las escaleras que yo temía recorrer.
Aquel niño siempre ha sido la silueta que vislumbraba desde abajo, el ser luminoso al que he lastrado tanto tiempo, al que he estado cosido como sombra. Yo he sido las piedras y los fantasmas del camino, y como sombra me quedaré en el oscuro caserón donde todo han sido malos sueños. Y dejaré que la luz ocupe su lugar, lejos del frío, del abandono y del insomnio de una noche que ha sido tan larga que no recuerdo su comienzo.
domingo, marzo 25, 2007
Los disfraces sensibles
La joven Zahara exhibe en su nuevo disco, ‘Día 913’ (autoeditado, 05), una camaleónica capacidad para camuflarse en distintos géneros musicales ofreciendo en todos ellos un resultado de impecable calidad. Convierte el jazz, el blues, la ‘bossa’ y la canción de autor en armas blancas que, combinadas con una sensibilidad desbordante y una poesía pura, desgarran el corazón más resistente.Las canciones de esta dulce cantautora ubetense, que ha asumido la edición y distribución de su trabajo, se sumergen en las profundidades de su propio océano sentimental para sacar a flote un tesoro acústico oculto desde hace más de dos años. En su web (http://www.dia913.com/) pueden escucharse algunas de sus gemas. Durante 913 días, Zahara ha elaborado un disco elegante, melancólico y romántico a partes iguales, en el que da rienda suelta a una incontenible inspiración que la ayuda a escribir letras sobresalientes, cimentadas en los sólidos pilares de la literatura que abrazó desde pequeña.
Su voz, sutil y sugerente, suspira frágiles melodías capaces de embelesar los sentidos ajenos. Y su talento no ha necesitado pasar por academias. Sus cualidades, como sus cuerdas vocales, son bellas por naturaleza. “Soy autodidacta. Jamás di clases de canto, así que claramente en mis canciones prima la intuición. Me gustan los músicos que se guían por el oído, que buscan y experimentan. Llevo muchos años cantando pero es ahora cuando he encontrado un sonido que me gusta, que refleja lo que quiero contar. Lógicamente, llega un momento en el que se adquiere técnica, pero aunque en casa trabaje, estudie... cuando estoy en un escenario vuelvo a desnudarme de teorías y dejo que mi intuición me lleve a donde quiera”.
domingo, marzo 11, 2007
La luz de los faros

"Polvo en el aire
si emprendo el camino.
Tierra y cristales
si no puedo más"
('Polvo en el aire', de Quique González)
Todo sucedió en la mitad de un segundo. Dos faros se situaron frente a mí a demasiados kilómetros por hora. Por un instante dudé que nos quedara tiempo suficiente a ambos para cambiar de rumbo, de destino. Una milésima fracción de tiempo después, un brusco movimiento hacia dos lados, frenos desgastados, corazones electrificados, y el aire de reserva ahogado en los pulmones. Después, sólo silencio. Mis pies en el asfalto y mi cabeza en algún lugar que desconozco.
Cuando los focos te deslumbran no tienes tiempo para pensar en nada, pero cuando permanecen los destellos puede verse todo con más claridad. A veces, intentamos encajar en los moldes equivocados. Medidas iguales cortan los trajes. Durante un tiempo, con mucho esfuerzo, puedes permanecer incrustado a base de razonamientos erróneos, martillazos en estado monetario que siempre son insuficientes y a menudo dañinos. En mi caso, pronto quedará todo en polvo y pedazos de una etapa que tan sólo me habrá dejado un puñado de experiencias y muchas muestras de la condición humana. El desconsuelo resignado de personas atrapadas en días áridos que se alargan hasta el infinito. La arrogancia de quienes piensan que el éxito se basa en las posesiones materiales. La honestidad del que intenta levantar su pequeña empresa, o el sufrido esfuerzo del que evita que se caiga. La educada cortesía y los modales de corbata. La falsa apariencia de los poderosos, limitados a la creencia de que la seda de los trajes conlleva una pertenencia a su mismo clan.
He intentado, en todo momento, mirar más allá de ese mundo encorsetado que han creado las empresas, y casi siempre he tenido la oportunidad de llevarme imágenes honestas en el camino de vuelta a casa. Recuerdo a un anciano paseando por el monte en el que se cobija su pueblo con un paso tranquilo, respiración profunda y manos cruzadas a la espalda. La mirada plácida y la conversación amable. Me quedo también con otras postales: una carretera que bordea la marea; una arboleda solitaria que huye de los caminos y de los edificios; costumbres de un pueblo anclado en cualquier día de hace treinta años; una casa antigua por la que corretean niños que entran en el despacho de su abuelo buscando atención; un grupo de obreros que disfruta de la compañía que se prestan en un restaurante de carretera mientras están alejados del hogar; una pareja francesa que intenta explicar lo que quiere a un hosco camarero de la costa. Y, por supuesto, una regresión a la infancia, a mis años en Motril.
Me quedo con todo esto y renuncio a lo demás. No tengo claras muchas otras cosas, pero no quiero resignarme. Estar frente a la luz puede cegar, o puede regalar otro punto de vista, una nueva oportunidad para comenzar.
jueves, febrero 08, 2007
Rescate en la niebla

Aléjate. Hay gotas de lluvia en los árboles, a punto de caer. Y tonos lánguidos en la niebla difuminan ramas que se quiebran. Los relámpagos aún no han llegado, pero pronto verás luces explotar. Como un avión que cae al mar, nadie a los controles. Como una sombra escondida descubierta de temores. Mira mis pupilas enterradas en carbón. Barre sus escombros, limpia de grises sus colores. Verás en ellas las heridas que han dejado cicatrices.
¿Has visto algo que quieras rescatar? ¿Conoces el camino? Estás a tiempo de esquivar estos dardos, dar dos pasos hacia atrás. Recorre los pasillos que encierran mis recelos y tus celos. Cierra los pestillos tras entrar. Condensa nuestros errores en la niebla. Las nubes han evaporado tus despechos y las lluvias sólo son recuerdos agrios que he perdido.
